el perseguidor
Su paso era lento y perezoso, como si sus viejas piernas llevaran encima el peso de muchos años. Cada vez que cruzaba la avenida volvía a nacer, una y otra vez. Sus ojos también dejaban ver con claridad que era viejo. Una tonalidad blancuzca conformaban su perdida mirada. Mirada que, sólo muy de vez en cuando, levantaba para ver si su cruel destino le ponía en el camino a alguien con una caricia o algo para comer. Estaba muy flaco. Cada hueso de su anatomía advertía su presencia a simple vista. Seguramente hacía días que no comía. Seguramente también estaría enfermo. Llamaba la atención un temblequeo constante, fruto del siniestro que significa vivir en un mundo donde sus principales enemigos potenciales no hablan su mismo idioma. Se notaba que sufría lo desconocido con cada paso, en su lenta marcha. Su pobre alma carecía de amigo alguno. Cuando se cruzaba con alguien de su especie, tan solo atinaba a cruzar la calle, y si el ruido de los autos y colectivos se lo impedían, se limitaba a ocultarse en su escondite privado que imaginaba encogiéndose contra alguna pared; imaginándose a salvo por un momento. Así relataba este anciano perro un rato más de su existencia. Quizás su vida continúe algún tiempo más, o quizás el punto final llegue pronto a su historia, cerrando el último capítulo con sus penas vicerales sobre el asfalto de lo que siempre fue su casa: la calle.
el perseguidor(TRABAJO PRÁCTICO) Texto Ingresado por: maximiliano javier gonzález, Argentina (alumno)
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